30/10/09

001. Nox



001


¿Qué tan lejos puedes ver?

Me senté ahí, como Buddha. Complacido de haber obtenido el gran don de la tele-visión. No había límites al alcance de mi vista. El gran rectángulo parpadeando su luz sobre mí. Ojos fijos, incandescentes en el reflejo del fotograma incuestionable. Manos firmes sobre el control en el Gran Mudra de la Elección –Yo soy el canal- cantaba mi mesías electrodoméstico. No había periferia, solo luz. Había guardado al sol en una caja. 

Estaba iluminado.

Luego llegó el dios Pan. Una imagen tras otra, cada vez más rápido; sin sonido. Otro rectángulo a mi lado: una costra de aspereza roja introduciendo a mis manos en la entropía de la naturaleza. Huesos y sangre molidos son la arcilla de este ladrillo ontológico, que ahora vuela, como una Furia ebria de venganza y justicia por la habitación. El sueño mojado del minimalismo, la colisión de dos formas primitivas reduciéndolo todo a su mínima expresión: el Ser. Pero luego del crash no hubo silencio. Mis oídos silbando como el alarido desesperado de una doncella de Hiroshima.

Pánico.

Así que me senté ahí, como un Aghori. Complacido ante la pira funeraria de de mis creencias. Comí las cadenas de mi apatía como un purgante al miedo. Mi reflejo revelándose como una silueta negra en cada uno de los vidrios que decoraban el suelo.  Ojos fijos en el gran abismo de mi mismo. Sin luz, solo la periferia infinita de elección que brotaba de mi propia abundancia. La oscuridad envolviéndome como el útero de mi resurrección, para renacer como una carcajada flamante, de amor, ira y coraje en la carne viva del momento presente.

Ahora me siento aquí, como un eclipse. Complacido de intentar ser tu iconoclasta. Deseoso de tu revelación como el Majestuoso Bhodisattva de tu propia destrucción.  Canta para mí con el jardín que florece en tu boca, hasta que no quepa más semtex en los límites de la aurora y vuele como el inclemente mediodía infinito y deshipnotizador. 

Construimos el paraíso sobre las ruinas.

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